Shoes by Alicia Roy

There is always something that makes you think, draw or design. That something depends on the age, origin and knowledge. Every kind of art , since a canvas to a book, has a previous creation process. We are sensitive and vulnerable to all kind of information that surrounds us. Necessities motivate us to search solutions, invent and design , but even words can stimulate us. That´s why I based my thesis in the words, the narrative literature…  the short stories.  I started writing a little story about normal people and their life’s and ended up designing a shoe collection inspired in the pleats and beautiful volumes from the “Mastin Napoletano” . At the same time, my intention was to go a step further with the designs trying to create impressive runaway-like shoes for normal people and our common life’s.

D 6

D 1

D 7

OSITOSr

escultura

escultura2

Un tacón, una amiga y un perro invisible …

… No hace mucho tiempo en un lugar cualquiera vivía un hombre frío y distante, solo en su alcoba. Todas las mañanas a las 8: 55 bajaba a la pequeña y vieja frutería, abría la ruidosa y oxidada verja, se ponía su blanca bata y despachaba la clientela con una rapidez sistemática.

… Mientas tanto en otro lugar una mujer con rostro melancólico y desolado y un gran nudo en su pequeño estómago, desembarca de una insegura lancha después de un largo, penoso e incierto viaje.

… No muy lejos de nuestro distante amigo frutero y nuestra melancólica amiga aventurera, un regordete guardia de seguridad intenta abrocharse los cordones de sus zapatos, sumergido en un cuarto caótico y lleno de polvo.

La bata blanca y reluciente es la comidilla de todas las vecinas quisquillosas con sus moños bien altos y tirantes, que no entienden como puede existir frutero tan soso y callado. Todas las mañanas ve a las mujeres pasar de un lado al otro taconeando “clac clac clac”. … El ruido incesante de los tacones le transporta a otro tiempo, al “clac” de los tacones de su hermosa y menuda mujer, otra vida en la que un pequeño coche rojo y … “Frutero, déme 1 kilo de manzanas”… una carretera estrecha y resbaladiza le arrebató de un plumazo todo y lo único que tenía. La soledad en forma de tacón le acompaña desde entonces.

Mientas nuestro frutero y su melancolía taconeando despachan a las señoras arrugadas, la mujer asustada, del barquillo inestable, se mete en un locutorio y saca de su minúsculo bolsillo un papel arrugado con un número de teléfono. Su única opción de sobrevivir en el nuevo “país de las promesas”. …tic tic tic  …”Hola? Tía , Soy yo… .” Recurre a aquellos que ya han pasado por lo mismo que le tocará pasar a ella para comenzar sin más reparo su joven e inquietante vida desde cero. Sus ojos atentos como búhos reflejan su temor, todo le parece diferente y realmente todo es distinto y por eso esta mujer de mirada curiosa sabe que le tocará sufrir porque la indiferencia es la soledad más inhumana. El fantasma de la soledad en forma de amiga invisible, de pelo castaño, largo hasta la cadera, vestida con un fino y juguetón vestido, la acompaña desde que llegó a ese país. La persigue camine donde camine, como su propia sombra inseparable, invencible, oscura y pesada susurrándole recuerdos dolorosos de su ayer y dificultándole su caminar.

Mientras la sombra castaña y pesada con el vestido vaporoso y la mujer inmigrante pasean por las calles en busca de trabajo, en la misma calle el hombre regordete regaña a 3 chicos jóvenes y descarados por haberse colado en el metro sin pagar. Todos los días hace lo mismo. Tiene que vigilar con perspicacia y destreza a los pequeños ladronzuelos que se saltan las reglas sin más, dirigirse a ellos con educación pero severidad y llamarles la atención por algo que ya saben que hicieron mal. De vuelta a casa las cosas no van mejor, solo se encuentra una nevera vacía, polvo por todas partes y un montón de ropa sucia. Por eso le acompaña su perro de infancia, “moro”, invisible para el resto del mundo, pero fiel y honesto con el guardia. El perro inseparable le persigue a todas partes con el contoneo gracioso de su rabo y arrastra levemente la delgada pata trasera izquierda, por eso ya desde lejos el guardia le oye acercarse con sigilo.  “Moro” es la soledad en forma de perro y despierta diariamente y constantemente los recuerdos empolvados de una infancia admirada.

El tacón melancólico , la amiga castaña, susurrante y pesada con el vestido ligero y vaporoso y “moro” el perro invisible pero atento se conocen del “país de lo oculto”, son vecinos desde hace años y comparten billete de ida todos los días en el trayecto de ascensor que separa su país del de “las promesas”.

Un frutero, una inmigrante y un guardia de seguridad cualquiera, comparten ilusoriamente cubículo y dirección aunque solo sea por un eterno y silencioso minuto. Sin embargo nunca han hablado entre ellos, no saben que les une más que un simple dónde.